Entre las amenazas, es que tarde o temprano, entraría a comprar algo en alguna de sus tiendas y entonces me harían daño. Recuerdo que aquélla luz me iba borrando recuerdos de mi mente, que cada vez estaba centrado en menos cosas y me sentía más cansado. Así fuí perdiendo movilidad física y mental. En éste estado, algunas personas se aprovecharon de mí para estafarme.
Por las circunstancias que Dios siembra en el camino que recorremos en la vida, hablé con un amigo que no veía desde hacía años y al comentarle ésto, me dijo oyó un caso similar de un predicador que venció a uno de éstos demonios. Ésto me dió fuerzas. Cada vez que acertaba que una amenaza era verdadera o falsa, ganaba yo. Si me equivocaba, ganaba el espíritu que se había enganchado a mí hasta la muerte de uno de los dos. Por lo visto, alguna gente del pueblo, había muerto de esta manera tan cruel y si yo vencía, sería de los pocos humanos que conseguirían dicho triunfo. Transcurrido cierto tiempo (tal vez 3 años), si el espíritu no me había matado, él moriría por caducidad.
Mi vida estaba de rodillas ante Dios más que nunca. Ni mi esposa, ni el pastor de la iglesia evangélica que iba, jamás me ayudaron en nada de este tema. Decían que me estoy volviendo loco, que digo tonterías, pero los neumáticos rajados estaban allí. Ni siquiera conseguí que me acompañaran para hacer una denuncia o para ir al médico. Tampoco conseguí nada escribiendo a la FIEIDE o a la FEREDE. ¡Menudos líderes! Se encargan de cualquier cosa menos de pastorear ovejas de Cristo. Parecía que todos tuvieran pánico cuando viene el lobo.
Todo tiene su compensación. Ahora no tendría que perder tiempo compartiendo cosas con necios y desleales. Con Cristo está la victoria.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario